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Lunes 9 de mayo de 2011
Carteles que anuncian el fin del mundo ya aparecieron en la región

Dos misteriosos carteles apocalípticos aparecieron en Chile. Son carteles que, siguiendo las propuestas del estadounidense Harold Camping -a quien La Estrella entrevistó en exclusiva hace un par de semanas- y al amparo de su holding bíblico, Family Radio, insisten en anunciar que el 21 de mayo, a las 18.00 horas, el mundo se acabará.

Uno de los carteles está ubicado en Santiago, en la comuna de Huechuraba, y dicta un mensaje trágico: "Día del Juicio. 21 de mayo del 2011. Clamen a Dios fuertemente". El otro cartel, más críptico, está en el kilómetro 78 de la Ruta 5 Norte, a unos metros de Llay Llay, y dice: "¿Ha escuchado usted las impresionantes noticias? Acerca del… 21 de mayo…".

Similares carteles, que anuncian el apocalíptico destino de la humanidad, han aparecido en otros países de Latinoamérica, junto con el mensaje radial de la cadena de emisoras de Camping (ver recuadro).

LA PATA DEL DIABLO

En el kilómetro 78 de la ruta 5 Norte, un armatoste de madera sostiene el colorido mensaje. Su origen, sin embargo, es un enigma.

A cien metros del cartel un lugareño, Bernardo Care, actual vendedor de sándwiches de pernil, confesó que ignoraba la idea central del cartel y que él, iluso, había imaginado una cosa simpática: "Pensé que se anunciaba una fiesta, como ese día es feriado".

El cartel está ubicado en la zona llamada La Pata del Diablo. El nombre se debe a que, a unos metros, hay una roca gigante en la que parece dibujada la huella de un dinosaurio. Y, además, en la zona han ocurrido decenas de accidentes fatales. "Yo creo que por aquí habita el diablo, señor", dijo Bernardo.

La autoridad se preocupó

El alcalde de Llay Llay, Mario Marillanca, fue notificado de la situación. El alcalde, un hombre de misa de sábado, quedó pensativo, cruzó una fugaz mirada con el póster de Teresita de Los Andes que cuelga en su oficina y marcó un teléfono.

-¿A quién llama?

-Al subteniente Novoa de Carabineros. Quiero saber qué pasa -dijo el alcalde. Y empezó a explicarle a Novoa que un cartel que presagia el fin de la humanidad está alarmando a la población. "Me parece que es un elemento distractor para los conductores, Novoa", señaló al teléfono. Novoa ordenó a sus hombres revisar el sitio y una patrulla se movilizó en el acto.

-¿Quién está detrás de esto, alcalde?

-No sé. Pero, si está en el camino, esto puede ser ilegal. En todo caso, no soy partidario de crear alarma.

el enigmático mendoza

Al lugar acudieron dos patrullas de carabineros lideradas por Novoa y Troncoso. Detectaron, con desilusión, que todo parecía en orden, pues el extraño cartel estaba en una zona privada. Entrevistaron al dueño de la propiedad, Osvaldo Aracena, un huaso pequeño, vendedor de poroto seco. "Yo arriendo el lugar para que pongan carteles", dijo con la voz temblorosa el campesino. "¿Quién puso el cartel?", preguntó el subteniente. "Mendoza", dijo el campesino. En ese instante otro auto llegó y bajó un hombre enérgico.

-¿Qué pasó? Soy de la Concesionaria Aconcagua. Me llamó el alcalde por un cartel peligroso -dijo.

-Anuncia el fin del mundo- explicó Novoa. Y todos, los carabineros, el hombre de la concesionaria, el huaso, leyeron en silencio el mensaje. De pronto, el asunto del cartel había producido un debate. Todos acordaron que ojalá el mundo siga y no se acabe. El subteniente Novoa quedó taciturno. A su juicio, si el mundo se acaba ese día, hay que apurarse en vivir con intensidad. El hombre de la concesionaria, a su vez, cree lo mismo: "Hay que aprovechar lo que queda de vida". Y hasta Aracena, quien ignoraba lo que causó el cartel que reside en su propiedad, se asustó con la debacle del planeta.

-Eso sí, señor Aracena, necesito que mañana me lleve los papeles de la propiedad y todos los datos de Mendoza. Hay que ver si, en conformidad al decreto supremo 850, se procede al retiro del cartel- dijo el subteniente Novoa y el campesino asintió.

La investigación terminó incompleta: sólo se supo que Mendoza, junto a dos hombres, pegó el cartel hace unas semanas. Demoró tres días en colgar el mensaje y le pagó a Aracena 250 mil pesos. A Mendoza nunca más se le vio y su paradero es una incógnita. Nadie sabe quién pidió a Mendoza que pusiera el mensaje y nadie sabe, en verdad, qué puede pasar el 21 de mayo. Finalmente se fueron las patrullas y el hombre de la concesionaria y Aracena se hizo humo. Sólo quedó allí el cartel que anuncia el fin del mundo y un enigma que sigue en pie.