Año IX - Nro. 4303 - Martes 2 de septiembre de 2003

María Elena y Alta Marea

Por María Teresa Larraín

Periodista

 

 

Un ejemplo para todas. A una edad en que la mayoría de las mujeres, profesionales incluidas, repliegan sus alas de lucha y gozan de un merecido descanso, María Elena Gertner persiste en remover la tierra y seguir sembrando. Escritora sobresaliente, nos impactó en la década del 60 con La Mujer de Sal, la historia de una burguesa acostumbrada a la nada, que de repente despierta y el escándalo social cae sobre ella. A este título se suman otros como Páramo Salvaje, La Derrota, Después del Desierto, Islas en la Ciudad, (editados en España) y el Premio CRAV 1963, con El Invencible Sueño del Coronel.

Esto no es todo. A los 18 años entra a la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. Desde entonces no para en las tablas, hasta ahora. Trabajó con los grandes del Teatro Nacional como Pedro Orthus, Agustín Siré, Marés Gonzalez, Violeta Vidaurre, sus grandes amigas hasta hoy. Profesora en la Escuela del Teatro de Ensayo de la Universidad Católica preparó a actores que hoy la recuerdan con admiración como es el caso de Héctor Noguera, el sobresaliente Angel Mercader, de Machos, la teleserie del Canal 13. Tambien incursionó en este género, escribiendo guiones y actuando en las inolvidables JJ Juez, o La Madrastra.

Mujer inteligente, sensible, destacó por su belleza y consecuencia. Pero sobre todo, por su inmensa humanidad. Ni los premios ni los títulos, ni los aplausos la sacaron de su equilibrio. Tampoco la derrumbó el asedio de varias crisis afectivas y financieras. Verla hoy, altiva, caminando con su poncho rojo por la tierra que eligió para vivir desde hace 12 años, Isla Negra, es contagiarse de energías. Hoy dirige la Compañía Alta Marea, y un Taller de Teatro con más de 25 alumnos que la siguen con fervor. No es para menos. Con el apoyo de la Fundación Neruda, día a día prepara a sus alumnos en el arte de la expresión teatral, creando un verdadero semillero de talentos. Como es el caso de Juan Sánchez, quien hoy es un flamante estudiante de Teatro de la Universidad de Playa Ancha de Valparaíso.

Para las próximas Fiestas Patrias, nuevamente Maria Elena subirá al escenario, no para actuar, sino para recibir un merecido aplauso junto a los actores de Alta Marea que estrenarán La Rosa Tatuada, de Tennesee Williams en un escenario especialmente preparado en la Casa Museo Pablo Neruda, de Isla Negra.

Vendrán otras obras, ciertamente. Seguirán llegando alumnos. Y María Elena persiste. Pese a su artrosis a la columna, al pago de Chile que olvida a sus creadores cuando éstos abrazan el silencio de la creación y no caen en la vida farandulera o en el falso halago a dioses de barro, pese a todo ello, esta gran mujer permanece y seguirá deslumbrándonos. Sin embargo, yo la quiero ver con menos angustia del con qué y cómo vivir el día a día, y con el debido reconocimiento que se merece por parte de quienes hoy tienen a su cargo el premiar a estrellas como ella que alumbran el firmamento por siempre. Porque su ejemplo nos sirve a todos.